—Estamos en la sala del aeropuerto, hay mucha gente y niños —le recordé.
—Mm, lo sé —contestó Sergio.
—Entonces por qué quieres... —me sonrojé un poco.
—¡Quiero! —afirmó con total seguridad.
Al oír su determinación, pensé por un momento que también había visto a Carlos y estaba celoso.
¡Quizás quería que Carlos se rindiera definitivamente!
Con ese pensamiento, me armé de valor y cerré los ojos, con el corazón acelerado esperando su beso en medio del aeropuerto.
Pero después de un breve instante,