ANDREA
Al día siguiente, por fin me dieron el alta del hospital, pero no me sentía mejor. Mi cuerpo estaba débil y mi cabeza seguía pesada, pero el dolor en el pecho era peor que cualquier dolor físico.
Al salir, vi a Camille esperándome. Por un momento, la miré, sintiendo una mezcla de gratitud y culpa.
—Gracias —dije en voz baja—. Aunque ya no seas mi asistente… aun así viniste.
Me dedicó una pequeña y dulce sonrisa. —Me ayudaste mucho antes —dijo—. Así que quiero ayudarte también, aunque sea