SHANE
Me senté en silencio en el banco del gimnasio, con la mirada fija en Marcella mientras corría en la cinta. Respiraba con dificultad y el sudor le cubría la cara y el cuello, pero no se detenía. Parecía cansada, pero la determinación en sus ojos me hizo admirarla aún más.
Delante de ella había un maniquí con un pequeño minivestido negro. Era sencillo, pero a la vez atrevido y ligeramente transparente. Marcella no dejaba de mirarlo mientras corría, como si le diera ánimos.
«Quiero ponérmelo