PRICILLA
Salí del hospital con el pecho agitado, la rabia aún ardiendo en mi interior, negándose a calmarse. Mis tacones resonaban con fuerza contra el suelo, y cada paso me recordaba la mirada de Richard, como si yo fuera una desconocida a la que no quería ver.
Esa mirada se quedó grabada en mi mente, repitiéndose una y otra vez, y solo hacía que mis manos temblaran aún más. Todavía podía oír su voz diciéndome que me fuera, como si no perteneciera a ningún lugar cerca de él ni de Marcella.
Lle