Eran cerca de las nueve y media de la noche y Marcos y Benjamín no habían podido marcharse a su casa porque las finas gotas de lluvia se habían convertido en un aguacero torrencial. Y Patricia la esposa de Eduardo les comunicó que les prepararía su habitación de siempre. Que no tenían necesidad ninguna de marcharse cuando las carreteras estaban así de mojadas y casi no se veía lo que tenía en frente.
Ante las palabras de Patricia, Eduardo había afirmado ardientemente y Marcos quiso negarse a