La mandíbula de Sam casi tocó el suelo cuando Marcos acabó de hablar. "No podía hablar en serio, eso era una broma de muy mal gusto" pensó mientras sus ojos buscaban en Marcos cualquier indicio de falsedad o engaño. No podía haberse acostado tantas veces con un hombre y no saber semejante secreto. Porque eso, era un secreto en toda regla.
—Vamos a ver, Marcos. Qué me parece que no nos estamos moviendo en el mismo terreno. ¿Tienes una niña?
—Sí gatica. Una preciosa pelirroja que me tiene loco. T