Habían pasado ocho días desde el momento que Sam le había contado a Marcos el recuerdo más doloroso de su vida. Ocho días angustiosos pero en cierta manera más fáciles de sobrellevar. Ocho días en los que Marcos dormía abrazado a ella cada noche. Incluso cuando Sam se despertaba dando gritos y empapada en sudor, él estaba ahí. Lograba calmarla contándole historias de cuando era pequeño y al cabo de un rato volvía a quedarse profundamente dormida. Jamás se asustó, nunca la dejó sola.
Esa primer