Habían pasado dos días desde que Sam se había cogido la tarde. Mildred siguió con varicela y una fiebre al cuarenta. Su voz había denotado cansancio cuando Sam la había llamado preguntándole por su estado, había colgado a los pocos minutos pues sabía perfectamente que esa mujer eficiente, necesitaba mucho reposo. Al menos para ella era así, con cualquier enfermedad podía seguir trabajando excepto con las migrañas y la fiebre. Esas dos le pedían a su cuerpo que cogieran una cama urgentemente.