Marcos caminaba con la mente en otra parte. Ese beso que le había dado a Samantha, no entraba en los planes. Pero un genio primario invadió sus sentidos cuando vio la sangre que esa mujer le había hecho con las uñas y la sonrisa descarada que le había dado. Era cierto, que ese abuso estaba justificado. En ese momento, como nunca antes, entendió lo que sintió Benjamín cuando se había lanzado por Alejandra en el aeropuerto. Si ambas hermanas compartían además del color del cabello, las curvas de