CAPÍTULO 126
La mañana después de la pelea fue gris y pesada, el tipo de día que te presionó como un peso.
Aria se sentó en la pequeña mesa de la cocina, el dibujo de Adrian todavía en sus manos.
Dos caballeros peleando. Un dragón sonriendo. La imagen se quemaba en su cerebro.
La puerta de Lucian estaba cerrada. No había salido desde anoche.
Maya la encontró allí al amanecer, una presencia silenciosa, haciendo café y colocando una taza frente a Aria sin decir una palabra.
Se sentaron juntos, el