XXIV

Catalina.

La mano de Natasha impactó contra mi mejilla al confesarle lo que está pasando, un ardor me recorrió la mitad del rostro apenas lleve mi mano a la zona afectada.

—Tranquilizate— le pido, extendiendo mi mano hacia ella.

—¡Menuda mierda, todos deben estar de coña!— comenzó a soltar insultos, halándose el cabello— ¡Ostia! &iex

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