"Papá, por favor! ¡Lo necesito ahora!" Sally gritó, irrumpiendo en la sala, su voz un grito desesperado y tembloroso.
El reloj había dado las doce de la medianoche en su vigésimo primer cumpleaños, y la insoportable, maldita excitación la estaba quemando viva desde dentro. Era hora de follar o morir. La evolución lo exigía. Si no la follaban en este mismo minuto, estaría muerta en cuestión de minutos.
Su modesto camisón blanco se pegaba a sus curvas humedecidas por el sudor, sus pezones rígidos