La garganta de Janet se apretó.
Podía oírlo en su tono burlón.
Por supuesto que se había corrido, joder. Y él lo sabía perfectamente.
Puede que se hubiera perdido el primero, pero ¿el segundo?
Ambos sabían que él le había dado un placer sin igual.
Una euforia tan severa que Janet temía que la volviera loca de infatuación.
Aun así, levantó la barbilla, reuniendo su orgullo y respondió, con la voz firme aunque su cuerpo temblaba encima de él:
—Así es. No me corrí.
Lo odiaba.
Durante tres años, re