Ella gimió, sus uñas clavándose en los hombros de él, su coño apretándose mientras él golpeaba su punto G repetidamente.
—Papi, por favor. No soy una puta. Dime que soy tu buena chica —suplicó ella, incapaz de soportar que él la viera de esa manera, incluso mientras levantaba las caderas hacia las embestidas devastadoras de él, que la estrellaban contra la pared una y otra vez con fuerza.
—No. Solo eres una puta —insistió Frank, negándose a verla como su hija mientras follaba su coño.
La excita