Los celos rugieron a través de él, desenfrenados. Se volvió aún más agresivo, desesperado por alejar las imágenes mentales.
Todos esos idiotas riéndose mientras le follaban los agujeros. Nunca se recuperaría.
Le abrió las piernas más ancho, apoyando las manos en la encimera, follándola más profundo y más fuerte, sus embestidas volviéndose salvajes.
Le mordió el cuello y el hombro, dejando marcas, gruñendo y resoplando como si pudiera morir de tristeza.
Pero ¿qué podía hacer? Ella dijo que era l