Eso no iba a pasar. No podía engañar a Lila. Su corazón nunca se lo perdonaría. Ya había jodido las cosas lo suficiente. Era hora de dar un paso al frente y aprender a mantener su polla bajo control.
—Belle, ¿qué carajos te pasa? No —insistió, mientras su madrastra se lanzaba sobre él.
Belle empezó a sollozar, su mano todavía brillante con la mezcla del semen de Lila y Caleb mientras intentaba agarrar la polla de Caleb de nuevo.
—Encontré a tu padre en la cama con Serena anoche. Pensé que era j