Demasiado excitado para contenerse más, la mente de Steve volvió a quedar en blanco.
No esposa. No hijo ni hija. Todo lo que existía en su mundo era ese cuerpo joven.
Su dulce coño, su boca cálida y el culo apretado que aún no había tenido.
Le levantó las piernas hacia atrás hasta que sus rodillas quedaron junto a sus orejas. Su culo le miraba boquiabierto, completamente expuesto, vulnerable y listo para ser usado.
¿Quería polla? Él se la daría.
Su polla, brillante con sus jugos, se frotó contr