Su agarre solo se apretó; ella sacudió su polla más rápido, desgarrada entre el dolor de corazón y la desesperación.
—Mía —susurró, las palabras cayendo de sus labios sin su consentimiento.
—Así es. Eso es lo que jodidamente pensé. Amas demasiado esa polla como para soltarla. Ahora dale a papá su coño chorreante, zorra sucia y pequeña —ronroneó él, besándola de nuevo.
Ella le devolvió el beso desesperadamente, con lágrimas corriendo por sus mejillas mientras bombeaba su polla. Sus besos se sent