Los pechos de María se balanceaban con cada impacto, sus pezones rozando contra las sábanas y sumando a la sobrecarga de sensaciones. Obsesionado con sus pechos, Tino extendió la mano alrededor, agarrando una de sus tetas otra vez.
La apretó con rudeza mientras su otra mano se enredaba en el cabello de ella, tirando su cabeza hacia atrás para exponer su cuello.
—Una puta solo para ti —dijo ella con una sonrisa jadeante y dentada.
Podría jurar que vio cómo su rostro se ensombrecía cuando pronunc