Mortificada, cerró la boca de golpe y se mordió el labio. Nada detuvo las oleadas de éxtasis que la recorrían. No podía recuperar el control. Las extremidades le temblaban con violencia. Pero una vez más, él se quedó quieto. La atmósfera cambió cuando sus labios descendieron sobre los de ella.
No lo soportaba.
Su polla, en cambio…
—Esa es mi buena gatita —dijo él, separando fácilmente sus piernas temblorosas, rompiendo la frágil burbuja de intimidad que su silencio había creado.
Estaba furiosa