—¡Eres demasiado injusta madre!— Valentina siente su mejilla arder —¿Cómo me vas a obligar a casarme con un hombre que no amo ¡Por Dios!
—desde que estás con Mariela y tu estúpida insistencia en ser patinadora te has vuelto rebelde
—¡No es así madre! Es que odió las injusticias
—¡Pienso en tu bienestar!— le gritó fuertemente mirándola con desprecio
—admitelo madre, solo quieres una vida de lujos. Esa que siempre le pedías a mi padre, pero que no te pudo dar debido a su enfermedad. Mi padre