28. La jaula de acero del Rey
El agarre de la mano izquierda de Jaxon sobre el brazo de Elara se sentía como un grillete de hierro. El hombre tiró de ella a través de la multitud, que se apartaba automáticamente a su paso, arrastrándola lejos de la zona de espectadores hacia el área restringida donde estaba estacionado su Dodge Charger negro.
—¡Suéltame, Jaxon! —gritó Elara, forcejeando con todas sus fuerzas. Las puntas de sus zapatos rozaban ásperamente contra el asfalto—. ¡Me estás lastimando!
—Deja de resistirte, intrusa