Asher
Un fuerte tono de llamada intentó arruinar el momento, pero no iba a permitirlo… no en mi turno.
—Asher… —gime Alena—. Ese es mi teléfono.
Gimo con frustración.
—¿De verdad tienes que contestar ahora mismo?
—Solo déjame ver quién está llamando.
—Está bien.
Rodando fuera de encima de ella, recé para que no fuera su jefe del trabajo o su padre.
—¿Quién es?
—Es el jefe.
Hice una mueca.
—Está bien. Contesta.
—De acuerdo.
Alena se alejó para responder la llamada, dejándome esperar pacientement