CRISTINE FERRERA
—¿Sueles comer aquí? —preguntó Carla emocionada, parecía que, aunque yo no era muy amistosa, ella lo era lo suficiente por las dos.
—Ah… algo, a veces… sí, supongo que sí. —¡Era una maldita farsa! Ni siquiera sabía mentir con fluidez.
—Eres muy graciosa —contestó con una risita dulce y sonreí de medio lado. ¡No era graciosa, estaba colapsando que era diferente!—. ¿Quieres acompañarnos? La verdad es que sería lindo conocer a más gente de aquí. Desde que estoy en la ciudad solo