CRISTINE FERRERA
—Lo único que quiero es alguien que pueda ayudarme a alistar a los niños mientras yo preparo el desayuno, que vaya por ellos a la escuela cuando yo esté muy ocupada y los traiga aquí a la oficina para que podamos comer juntos —dije al borde del berrinche mientras caminaba al lado de Brenda, directo a mi oficina—. ¿Es mucho pedir?
En la pequeña sala había un grupo de mujeres de todas edades y complexiones. Unas muy jóvenes y demasiado arregladas, parecía que querían el puesto d