JIMENA RANGEL
Luca y Cristine hicieron todo lo posible para que estuviera confortable, incluso me pidieron que fuera a su departamento, para que ahí pudieran cuidar de mí y del bebé, pero decidí no apartarme de la sala de espera. Envuelta en el saco de Luca me quedé dormida en una de las sillas hasta que por fin una suave caricia en el brazo me despertó.
—¿Pasaste toda la noche aquí? —preguntó Sofía con una sonrisa a medias y una mirada llena de ternura.
—Pasamos… pasamos… —contestó Lucas reca