SLOANE D´MARCO
Derek entornó los ojos con desconfianza y apretó los puños. Sabía que regresar al sitio que fue su cárcel por tantos años no era agradable y podía causar mucho caos dentro de su cabeza.
—Puedo ir yo sola —dije tomando su mano, queriendo reconfortarlo. No quería que esto lo trastornara.
—No —contestó tajante y me sonrió—. Estamos juntos en esto, pero no confío en tu amiguito.
—Entendible —soltó Jonathan como si fuera algo gracioso—, pero yo no soy yo el enemigo aquí. Solo soy un