SLOANE D’MARCO
—Sloane… no puedes hacerme esto —susurró mi padre horrorizado y de nuevo sacó su mano a través de los barrotes, esta vez de manera más gentil—. Canelita, por favor, sácame de aquí.
Cuando dijo ese apodo mi cabeza comenzó a punzar, retrocedí temblorosa y horrorizada, tragando saliva con dificultad y dedicándole una mirada cargada de horror a Derek, quien estiró sus brazos hacia mí, desconcertado. Sabía que era la palabra mágica para que yo sucumbiera, la que había escogido para qu