CRISTINE FERRERA
—¿Cómo estás tan seguro de que es una niña? —pregunté mientras la mirada de Eliot no se apartaba de mi abdomen. Posó su mano sobre mi vientre, era tan grande que parecía cubrir por lo menos la mitad, además… su calor parecía migrar hacia el interior, llegando hasta nuestro bebé, quien de inmediato se movió, como si deseara frotarse contra la mano de su padre a modo de reencuentro.
La sonrisa de Eliot fue digna de fotografía. Se hincó para estar más cerca de mi vientre y comenz