JIMENA RANGEL
—Iba a tener un hijo hace mucho tiempo —contesté sintiendo la mirada lastimosa de Bennet clavada en mi espalda.
—¿Dónde está? —preguntó Gerardo con emoción.
—¿Qué edad tiene? —segundó Mario con el mismo interés.
—Él… se fue, está en el cielo —contesté adolorida del corazón. ¿Cómo se le puede explicar a niños tan pequeños el dolor tan profundo de una madre que tuvo que renunciar a su hijo por amor y piedad?—. Él… estaba enfermito.
—¿Nació enfermito? ¿Qué tenía? —preguntó Leonardo