CRISTINE FERRERA
Era curioso como un día el departamento había estado lleno de vida, con mis hijos jugando con Luca, Berenice y yo cocinando, mientras esperaba a que Eliot regresara de trabajar, pero ahora, solo podía escuchar el ruido de mi respiración. Mi vida se había caído a pedazos y me sentía tan devastada. Caminé entre habitaciones, imaginándome la familia que había formado aquí y que ahora parecía que no existía. Las últimas gardenias se estaban secando y el repartidor ya no llegaba con