SLOANE D’MARCO
Zafrina apartó sus manos de la mía, pero yo me mantuve apretando esa rosa, sintiendo como el filo de aquella aguja escondida se volvía incómodo y me tentaba a apretar más para sentir su filo traspasar mi piel, como un impulso autodestructivo al cual no podía renunciar.
De pronto chasqueó los dedos haciendo no solo que yo despertara del trance en el que me había sumergido, sino que todas sus ayudantes salieron de la habitación, presurosas, llevándose cada vestido y accesorio que