LUCA MAGNANI
Una vez más mi mente viajó, imaginando al esposo de Carla como un hombre grande, corpulento, con una botella en la mano y el gesto una mezcla entre ebriedad, furia y suciedad, pero el hombre que abrió la puerta me dejó con la boca abierta.
Era de complexión delgada y aspecto común, como el de un padre de familia de los suburbios en su día de descanso, listo para la fiesta luau de la cuadra que de seguro relumbraría por sus piñas coladas sin alcohol y carne asada por el vecino más