SLOANE D’MARCO
No iba a ser un problema entrar al psiquiátrico, después de todo el director era un gran amigo mío, así que cuando le dije que iría de visita, parecía feliz.
—No le entregues nada puntiagudo o filoso… De preferencia, no le entregues nada —dijo mientras caminaba delante de mí y su cara se volvía de horror—. Ni siquiera te acerques a los barrotes. No sabes cuantas manos ha roto ese hombre. Es una bestia.
»¿Por qué tienes interés en él? Pensé que ya no te relacionabas con paciente