CRISTINE FERRERA
Entre el trabajo y mis arrepentimientos, pasaron un par de días. Las cosas parecían iguales, pero no lo eran. Nada había cambiado por fuera, pero por dentro era completamente diferente. Eliot seguía viviendo en el sillón de mi departamento hasta que me comentó durante el desayuno que estaba pensando en vender la casa que alguna vez intentamos compartir, donde en teoría formaríamos nuestra familia, y comprar un departamento más cerca, para no tener que acaparar la sala por las n