CAPÍTULO 4: CÓMETE SU COÑO
—Dios, eres muy bueno en esto —susurró Cady, con el cuerpo temblando mientras se dejaba llevar por el contacto, la mente vibrando con la intimidad de todo aquello—; era su amiga, su vecina, y sin embargo se sentía bien, eléctrico.
Helena sonrió con sorna, envalentonada por el poder que ostentaba en ese momento.
—He practicado conmigo misma —confesó, mientras su otra mano se deslizaba hasta el pecho de Cady, rozando con el pulgar el pezón erecto y provocando un suave g