CAPÍTULO 3: FOLLAR E INTERCAMBIAR
En ese instante, las reglas se disolvieron, el límite pasó de la mera observación a la plena participación, y nadie alzó la voz en protesta.
El camisón de Helena fue el primero en caer, formando un charco a sus pies mientras las manos de Dane exploraban su cuerpo con renovado deseo, dejando un rastro de fuego en su boca a lo largo de la nuca.
Todavía podía oír los gemidos entrecortados de Cady y los sonidos húmedos e íntimos de la lengua de Aiden entre sus pier