—Me lo contarás todo, ahora ve a mi oficina —gruñó Caí mientras Brisa se secaba las lágrimas y desaparecía dentro del edificio. Caí se pasó una mano por la cara mientras la miraba. —Creo que ustedes podrían saber más, entren —dijo mientras se giraba para caminar hacia el edificio.
—No tienes que ir Ara. Si quieres, puedes esperarme en el auto —dijo Jason frotándome los brazos y le dediqué una suave sonrisa tranquilizadora.
Entramos a la oficina de Caí y Brisa estaba sentada en la silla, no nos