Jeremy soltó un gruñido de pura satisfacción, sin dejar de meter y sacar tres dedos gruesos de mi culo.
—Esa es mi buena chica. Qué zorrita infiel tan sucia y sincera. Sigue sujetando esas nalgas abiertas mientras preparo este agujero para mi polla.
Siguió follándome el culo con embestidas lentas y profundas, escupiendo de vez en cuando para mantenerlo todo resbaladizo y sucio. Sus palabras guarras y el estiramiento constante me tenían temblando otra vez al borde, gimiendo sin vergüenza contra