NELSON.
La pelota rebotaba fuerte bajo mi mano mientras cruzaba la media cancha, sudor corriendo por mi espalda. Íbamos ganando por doce en el scrimmage de práctica contra el equipo rival que siempre hablaba la mayor mierda. Mis compañeros gritaban mi nombre —¡Nelson! ¡Nelson!— cada vez que tocaba la pelota. Soy el capitán. Diecinueve años, seis pies con cinco, y esta cancha es mi puto reino.
Ataqué por la línea de fondo, planté el pie fuerte y me elevé para un mate monstruoso. Ahí fue cuando e