Lisa.
Me desperté al sonido de respiraciones pesadas y el murmullo bajo de voces masculinas.
Mi cuerpo se sentía destruido. Cada agujero dolía. Mi coño y culo estaban abiertos, adoloridos y goteando ríos gruesos de semen sobre los cojines arruinados del sofá. Mis tetas estaban cubiertas de marcas de mordidas y huellas rojas de manos. Mi garganta ardía. Mis piernas todavía temblaban por los orgasmos interminables y la follada brutal.
Abrí los ojos lentamente.
Los tres hermanos estaban parados so