La agarró del rostro y la miró fijamente a los ojos desorbitados. «No te limites a pedirlo. Tómalo. Si lo quieres más fuerte, aquí lo tienes; toma lo que quieras». Al terminar, le lamió la boca abierta.
Amara se sentía increíblemente llena; el pene que la penetraba le tocaba puntos internos que ni siquiera sabía que tenía. Era asombroso, pero no suficiente. Cada embestida la recorría como una ola de placer por todo el cuerpo, le hacía erizar los dedos de los pies y la sensación le subía por la