Seguimos follando, cambiando de posiciones y explorando los cuerpos del otro. Le chupé la polla, atragantándome con ella. Se corrió dentro de mi boca y luego me cargó hasta una de las mesas vacías, me abrió las piernas y devoró mi coño mojado.
Mordí mis labios mientras empujaba su cabeza más profundo. Su lengua entraba y salía de mi coño, jugueteando con mi clítoris. Arqueé la espalda mientras las sensaciones recorrían todo mi cuerpo.
—Eres tan jodidamente bueno… —gemí, agarrándole el cabello.