Tres semanas de esto. Tres semanas de momentos secretos, tres semanas follando en cuartos de suministros y salas de conferencias vacías, llegando a casa con su olor en mi piel y su semen secándose entre mis muslos.
No era suficiente.
Necesitaba más.
Era jueves por la noche, casi medianoche, y la oficina estaba en completo silencio. Me había dicho a mí misma que me quedaba hasta tarde para ponerme al día con los reportes de gastos. Mentira. Una grande. Los dos sabíamos exactamente por qué estaba