Mundo ficciónIniciar sesiónLas luces brillantes del edificio de humanidades brillaban sobre mí mientras estaba parada frente a la oficina del profesor Adrian Cole, con mi propuesta de investigación apretada entre las manos que temblaban ligeramente. La puerta estaba entreabierta y, por la rendija, pude verlo sentado detrás de su escritorio, con las gafas de lectura bajas sobre la nariz y una taza de café negro humeando junto a su codo.
A sus cuarenta y tres años,







