Dos semanas se convirtieron en tres, luego en cuatro. Pronto terminó la temporada y con ella también se acabó la excusa para ver a Evan Cruz. Sin partidos no había encuentros en el vestuario, ni momentos de sexo robado en las duchas, ni besos desesperados contra los casilleros fríos.
Me decía a mí mismo que estaba bien. Solo había sido algo de una vez, un error producto del calor del partido.
Pero por las noches, solo en mi cama, no podía dejar de pensar en cómo se sentía su boca, en cómo sus m