—Dime algo que nunca hayas probado —aventuré, enrollando pasta en el tenedor.
—Muchas cosas. Pero contigo… empezaría con juego de sensaciones. Toques ligeros, luego más firmes.
Mi tenedor se detuvo en el aire.
—¿Más firmes cómo?
—Manos. Tal vez más. —Su mirada era fija, desafiante.
Tragué saliva, la habitación se sentía más cálida. Después de la cena caminamos por el parque, las luces de la ciudad reflejándose en el estanque. Su brazo rozó el mío y, cuando nos detuvimos en un banco, se giró h