Sandy
Estaba en mi habitación, cachonda porque acababa de ver porno en el móvil y necesitaba una polla enorme en mi coño, pero todo lo que tenía era mi dildo de goma.
Mis piernas estaban bien abiertas, rodillas flexionadas, pies clavados en el colchón para encontrar el ángulo perfecto. Una mano apretaba las sábanas con fuerza, mientras la otra rodeaba el grueso dildo de goma, su longitud venosa ya resbaladiza por mis jugos.
Lo hundí profundo dentro de mí con un gemido bajo, sintiendo cómo mis p