El hombre detrás de mí no esperó. Con una sola embestida brutal, se hundió dentro de mí. El grito que salió de mis labios fue ronco y crudo, un sonido de pura sensación insoportable.
Estaba rellena, empalada y estirada. El hombre en mi coño empezó a moverse en un ritmo lento y superficial, encontrándose con las embestidas en mi culo.
El mundo se redujo a las sensaciones competidoras y abrumadoras. Cada movimiento hacía que mis pechos rebotaran contra la mesa, un empujón y tirón mareante que me