Nikki
Los neumáticos crujieron sobre la grava del camino de entrada mientras el coche de mamá se detenía. El estómago se me retorció al levantar la vista hacia la casa: tres pisos de piedra gris con molduras blancas, como sacada de una revista. El tipo de lugar donde todo huele a dinero y a secretos.
—¿Hermosa, verdad? —La voz de mamá temblaba de emoción. Sus dedos apretaron los míos, cálidos y llenos de esperanza.
—Sí —mentí, forzando una sonrisa. La casa parecía no haber oído risas nunca.
La